Análisis CEPOES · Endeudamiento territorial

El Boca–River de la mora

La incidencia estimada de mora alcanza al 25,5% de las personas deudoras en La Boca y al 9,1% en Núñez. Una distancia de 16,3 puntos que muestra cómo la desigualdad social también organiza el mapa de la deuda.

26 de agosto de 2026Por CEPOESDatos: junio de 2026

La distancia entre La Boca y Núñez no se expresa solamente en el ingreso, la vivienda o el acceso a servicios. También aparece en la relación con el sistema financiero. En un barrio, una de cada cuatro personas deudoras está en mora; en el otro, menos de una de cada once. El volumen de crédito es mayor en el norte, pero la dificultad para pagarlo se concentra en el sur. Esa aparente paradoja permite leer la deuda como lo que efectivamente es: no sólo una obligación individual, sino una relación social atravesada por la desigualdad.

Un clásico desigual

En junio de 2026, la estimación territorial de CEPOES registra cerca de 25.920 personas deudoras en La Boca, de las cuales unas 6.603 presentan mora. Eso equivale a una incidencia del 25,5%: aproximadamente una de cada cuatro personas deudoras.

En Núñez se estiman alrededor de 33.163 personas deudoras y 3.027 en mora. La incidencia es del 9,1%, menos de una de cada once. La Boca tiene menos personas deudoras, pero más del doble de personas en mora. La diferencia no está en la mera existencia de deuda: está en la capacidad de sostener los pagos.

La Boca25,5%6.603 en mora / 25.920 personas deudoras
VS.
Núñez9,1%3.027 en mora / 33.163 personas deudoras

La desigualdad no está en acceder a una deuda, sino en poder sostenerla

Núñez tiene más personas deudoras que La Boca y una deuda media considerablemente mayor. Eso no contradice el mapa de la vulnerabilidad: lo confirma. En los barrios de ingresos altos el crédito puede financiar vivienda, bienes durables, actividad profesional o consumo diferido y convivir con una baja tasa de incumplimiento. En los barrios populares, aun montos menores pueden transformarse rápidamente en mora cuando los ingresos son más bajos, inestables o pierden poder de compra.

Por eso no alcanza con contar deudores ni con sumar pesos adeudados. Los datos deben leerse en tres niveles distintos: cuántas personas tienen deuda, qué monto promedio sostienen y qué proporción ya no puede cumplir normalmente. Núñez aparece por encima de La Boca en los dos primeros indicadores y muy por debajo en el tercero. La desigualdad financiera no consiste en que el norte no se endeuda: consiste en que puede endeudarse más sin caer en mora.

La diferencia entre ambos barrios también muestra el límite de una explicación moral del incumplimiento. Si la mora fuera solamente el resultado de decisiones individuales, no formaría un patrón territorial tan nítido. Sin embargo, los barrios con mayor incidencia se agrupan en el sur y el sudeste, mientras que los menores registros se concentran en el norte y el noroeste. Cuando miles de decisiones supuestamente individuales terminan dibujando el mismo mapa que los ingresos, la informalidad laboral y la precariedad habitacional, el problema deja de ser una suma de conductas personales y pasa a ser una estructura.

Los extremos no son una excepción

La Boca ocupa el segundo lugar entre los 48 barrios por incidencia de mora, apenas detrás de Villa Soldati (25,6%). Núñez aparece en el otro extremo: es el segundo barrio con menor incidencia, muy cerca de Coghlan (9,1%). El clásico sintetiza un patrón territorial más amplio.

Mayor incidencia de mora

  1. Villa Soldati25,6%
  2. La Boca25,5%
  3. Villa Riachuelo24,7%
  4. Nueva Pompeya23,9%
  5. Villa Lugano23,8%
  6. Constitución23,7%

Menor incidencia de mora

  1. Coghlan9,1%
  2. Núñez9,1%
  3. Belgrano9,4%
  4. Saavedra10,0%
  5. Colegiales10,3%
  6. Villa Pueyrredón10,4%

Los primeros puestos se concentran en barrios del sur y sudeste; los menores valores, en el norte y noroeste. La geografía de la mora se superpone con desigualdades urbanas conocidas: ingresos, estabilidad laboral, condiciones habitacionales y capacidad de absorber aumentos de precios o gastos imprevistos.

La brecha empieza temprano

El corte por edad permite ver que la diferencia no aparece recién al final de una trayectoria de endeudamiento. Entre las personas de hasta 25 años, la incidencia estimada de mora es de 33,3% en La Boca y 13,8% en Núñez. En el grupo de 26 a 35 años —la edad en la que se forman hogares, se alquila y se intenta consolidar un ingreso— alcanza el 34,4% en La Boca y el 12,5% en Núñez.

La brecha continúa en todos los grupos. Entre 36 y 45 años, las incidencias son 28,8% y 10,8%; entre 46 y 55, 22,4% y 8,6%. Incluso entre las personas de 66 a 75 años, cuando los montos medios de deuda disminuyen, La Boca registra 16,0% y Núñez 6,1%. No hay una edad en la que las curvas se encuentren.

La lectura política es especialmente relevante para los jóvenes. En La Boca, el segmento de 26 a 35 años combina la mayor incidencia de mora con una deuda media cercana a $4,89 millones. En Núñez, el mismo grupo sostiene una deuda media próxima a $7,30 millones y, aun así, su incidencia es casi tres veces menor. El monto explica poco si no se lo relaciona con la capacidad de pago. La deuda más grande no es necesariamente la más pesada.

34,4%incidencia de mora entre 26 y 35 años en La Boca
12,5%incidencia en el mismo grupo de edad en Núñez
16,0%incidencia entre 66 y 75 años en La Boca
6,1%incidencia entre 66 y 75 años en Núñez

No todas las deudas llegan por la misma puerta

El tipo de acreedor agrega otra dimensión. Frente a entidades financieras, la incidencia estimada de mora es de 20,8% en La Boca y 7,7% en Núñez. En las emisoras de tarjetas es de 20,7% y 8,3%, respectivamente. La distancia persiste tanto en el crédito bancario como en el consumo financiado.

El segmento más crítico es el de otros proveedores no financieros de crédito. Allí la mora supera la mitad de las personas deudoras en ambos barrios: 60,7% en La Boca y 55,9% en Núñez. No conviene sumar mecánicamente esos registros con los de bancos y tarjetas —una misma persona puede aparecer vinculada con más de un tipo de acreedor—, pero el indicador revela dónde se concentra el crédito de mayor fragilidad.

La diferencia principal no está sólo en la tasa. En La Boca se estiman casi 2.983 personas deudoras dentro de este circuito, frente a unas 1.119 en Núñez. Es decir, el tipo de financiamiento con mayor nivel de incumplimiento tiene una presencia mucho más amplia en el barrio con menores márgenes económicos. Cuando el sistema bancario formal resulta insuficiente o inaccesible, el crédito no desaparece: cambia de proveedor, suele encarecerse y ofrece peores condiciones para refinanciar.

Este dato obliga a mirar más allá de la educación financiera. Informar mejor puede ayudar, pero no corrige ingresos insuficientes ni vuelve barato un crédito caro. Una política pública que sólo enseña a administrar deudas y no interviene sobre sus condiciones termina responsabilizando a los hogares por restricciones que no controlan.

Deber más no es lo mismo que estar más ahogado

La deuda media estimada por persona deudora es mayor en Núñez: unos $8,55 millones, frente a $5,67 millones en La Boca. Pero el dato decisivo es la capacidad de pago. En La Boca, el 20,1% del monto total adeudado está en mora; en Núñez, el 8,0%.

Esta combinación es central para interpretar la desigualdad financiera. Los barrios de mayores ingresos pueden sostener volúmenes de crédito más altos y, aun así, exhibir una proporción menor de incumplimiento. En los barrios con menores márgenes económicos, deudas promedio más pequeñas se transforman con mayor frecuencia en pagos atrasados. El problema no es solamente cuánto se debe, sino qué esfuerzo exige esa deuda sobre los ingresos disponibles.

$5,67 Mdeuda media estimada por persona deudora en La Boca
$8,55 Mdeuda media estimada por persona deudora en Núñez
20,1%del monto adeudado está en mora en La Boca
8,0%del monto adeudado está en mora en Núñez

La mora no es una foto: es una trayectoria

Caer en mora no significa solamente atrasarse con una cuota. Suele abrir una secuencia que profundiza la fragilidad: intereses punitorios, refinanciaciones sucesivas, pérdida de acceso al crédito formal y desplazamiento hacia prestamistas o proveedores más caros. El hogar que ya tenía poco margen termina destinando una parte creciente de sus ingresos a sostener compromisos anteriores. La deuda deja de financiar una compra y empieza a financiar a la propia deuda.

Ese proceso tiene una dimensión territorial porque las redes de protección también están distribuidas de manera desigual. No todos los hogares cuentan con ahorros, patrimonio, familiares que puedan prestar dinero o empleos con ingresos previsibles. Frente a un mismo aumento de alquiler, una enfermedad o una interrupción laboral, las posibilidades de absorber el golpe son diferentes. La mora registra el momento en que esas diferencias dejan de ser invisibles y aparecen en el sistema financiero.

La comparación entre La Boca y Núñez permite distinguir entonces dos usos sociales del crédito. En un extremo, puede ampliar capacidad de consumo o anticipar una inversión sin comprometer la estabilidad cotidiana. En el otro, puede funcionar como un puente para pagar gastos corrientes, cubrir una pérdida de ingreso o llegar a fin de mes. La base utilizada no informa el destino de cada préstamo y no corresponde atribuirlo individualmente, pero el patrón de incumplimiento muestra que los resultados del endeudamiento son sistemáticamente distintos. Esa diferencia es el dato político central.

La Ciudad no puede declararse ajena

Buena parte de la regulación financiera corresponde al nivel nacional, pero eso no deja a la Ciudad sin instrumentos. El GCBA administra políticas de defensa del consumidor, inclusión social, vivienda, empleo y desarrollo económico; sostiene oficinas territoriales y produce estadísticas sobre las condiciones de vida. Todas esas capacidades pueden articularse para prevenir el sobreendeudamiento y asistir a quienes ya ingresaron en una cadena de refinanciaciones.

El primer paso es reconocer que una política uniforme llega tarde y llega peor. Si la mora se concentra territorialmente, la orientación financiera, la mediación con acreedores y el patrocinio frente a abusos también deben acercarse a esos territorios. Una ventanilla central en el microcentro no reemplaza dispositivos periódicos en comunas y barrios, coordinados con organizaciones comunitarias, centros de jubilados y servicios sociales que ya conocen las situaciones concretas.

El segundo paso es producir mejores datos públicos. Hoy sabemos dónde se concentra la mora y podemos observar diferencias por edad y tipo de acreedor, pero falta conocer qué gasto originó el endeudamiento, cuánto representan las cuotas sobre el ingreso disponible, qué refinanciaciones se encadenan y en qué momento un atraso se vuelve permanente. Un relevamiento periódico, protegido y agregado permitiría vincular el mapa financiero con alquileres, empleo, cuidados y acceso a servicios. No para vigilar a las personas deudoras, sino para evaluar las condiciones que las empujan al incumplimiento.

El tercero es incorporar la prevención en las políticas económicas y sociales. Si una transferencia, un subsidio habitacional o un programa de empleo se diseña sin considerar que parte del ingreso ya está comprometido por deudas caras, su efecto puede diluirse rápidamente. Mirar el endeudamiento junto con el costo de vida no agrega un tema aislado: mejora la lectura de todas las políticas que buscan sostener ingresos.

El promedio porteño también queda lejos

En toda CABA, la incidencia de mora es del 15,3%. La Boca se ubica 10,2 puntos por encima; Núñez, 6,1 puntos por debajo. Sobre algo más de 2,03 millones de personas deudoras, unas 310.760 presentan mora. El monto total adeudado alcanza los $14,24 billones, de los cuales $1,72 billones están en situación irregular.

El promedio es útil como referencia, pero insuficiente como diagnóstico. Si se mira solamente el dato de Ciudad, se pierde la diferencia entre un barrio donde una de cada cuatro personas deudoras cae en mora y otro donde sucede con menos de una de cada once.

Qué puede y qué no puede decir este mapa

Los valores barriales son una estimación territorial agregada elaborada por CEPOES a partir de la Central de Deudores del BCRA y el padrón ARCA distribuido por el BCRA. Los agregados por código postal se asignan probabilísticamente a los barrios mediante una matriz CP4–barrio.

No se trata de geolocalización individual ni de un conteo domiciliario exacto. Las diferencias son señales territoriales robustas para comparar patrones, no identifican personas ni permiten atribuir una situación crediticia a un domicilio.

De un mapa de deuda a una política de protección financiera

La evidencia territorial muestra que la mora funciona como un amplificador: castiga más a los hogares que llegan con menos margen. El mercado ofrece más crédito donde existe mayor capacidad de pago, pero desplaza hacia circuitos más frágiles a quienes tienen ingresos inestables. Después trata ambos incumplimientos como si fueran equivalentes.

Una política pública sobre endeudamiento de los hogares no debería limitarse a mirar el volumen de crédito ni a ofrecer talleres generales. Necesita identificar dónde se concentra la fragilidad, distinguir deuda de mora y observar los tipos de acreedor. El primer instrumento debería ser una red pública de orientación y defensa financiera, con atención presencial rotativa en comunas y patrocinio frente a prácticas abusivas. El segundo, un sistema de alerta temprana que detecte aumentos de mora por barrio y grupo de edad sin identificar personas. El tercero, mecanismos de refinanciación y mediación para deudas de consumo, articulados con la autoridad de defensa del consumidor.

La Ciudad también puede producir información que hoy falta: costo financiero efectivo por tipo de proveedor, motivos de refinanciación, peso de alquileres y servicios en la formación de deuda, y condiciones de acceso al crédito de las personas mayores. Sin esos datos, el endeudamiento aparece cuando ya se convirtió en incumplimiento. Medir antes permitiría intervenir antes.

El contraste entre La Boca y Núñez no resume toda la Ciudad, pero expone su mecanismo. En el norte se debe más y se incumple menos; en el sur se debe menos y se cae más rápido. La deuda, leída sin territorio, parece una suma de contratos privados. Leída barrio por barrio, muestra quién tiene crédito para proyectar y quién se endeuda para sostener el presente.

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